El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que su gobierno prevé retirar las tropas desplegadas en Irán en un plazo de entre dos y tres semanas, siempre que se concrete el desmantelamiento del programa nuclear de ese país. La declaración fue realizada en una entrevista telefónica concedida este martes al diario The New York Post.
Según indicó el mandatario, el repliegue militar estará condicionado a la finalización de las operaciones que, en coordinación con Israel, buscan neutralizar las capacidades nucleares iraníes. Trump describió ese objetivo como la necesidad de “terminar el trabajo” antes de dar por concluida la presencia estadounidense en el territorio.
En ese contexto, el jefe de la Casa Blanca señaló que ya se iniciaron conversaciones con representantes del gobierno iraní para avanzar hacia un acuerdo. De acuerdo con sus declaraciones, los interlocutores actuales presentan una postura “más razonable y menos radicalizada” en comparación con la administración previa.
El presidente también vinculó ese cambio con la eliminación del ayatolá Ali Khamenei, a quien situó como una figura central del régimen iraní. Sin precisar detalles sobre las circunstancias, afirmó que el hecho ocurrió durante la ofensiva militar conjunta llevada adelante en las últimas semanas.
En relación con los efectos de los ataques, Trump sostuvo que los daños ocasionados a las instalaciones vinculadas al programa nuclear iraní serían de largo plazo. “Les llevará entre quince y veinte años reconstruir lo que destruimos”, afirmó, al referirse al impacto de las operaciones militares recientes.
Las declaraciones se produjeron en un escenario de escalada en Medio Oriente, luego de que Estados Unidos intensificara su accionar junto a fuerzas israelíes en territorio iraní. Este contexto ha generado repercusiones en el plano internacional, especialmente por el impacto potencial en el equilibrio regional.
Por otra parte, el mandatario descartó que Estados Unidos intervenga militarmente en el estrecho de Ormuz, una vía estratégica para el transporte global de petróleo que actualmente permanece cerrada para buques estadounidenses y de países aliados. Según explicó, la seguridad de ese corredor marítimo quedará bajo responsabilidad de las naciones de la región.
Con estas definiciones, la administración estadounidense delineó los próximos pasos de su política en Medio Oriente, condicionando la continuidad de su despliegue militar a los resultados de las operaciones en curso y a las negociaciones abiertas con Irán.




